La Nouvelle Droite

¿Qué significa democracia para el ciudadano argentino en el siglo XXI? El mundo ha experimentado cambios significativos en lo cultural y simbólico que impactan directamente sobre las percepciones sociales, las construcciones políticas, y las concepciones del Estado.

Lo llamada crisis de los partidos tradicionales, puede interpretarse como una resignificación no sólo de la función de las fuerzas políticas organizadas, sino también de su forma de tomar contacto con la sociedad.

El neoliberalismo contribuyó a la singularización de cada persona, a la entificación, a la cosificación de los valores humanos, hasta transformar las propias relaciones entre las personas a la lógica del mercado, el punto de vista del cliente y el objeto de consumo.

De la manera cómo cada hombre y cada mujer, y cómo cada época histórica comprende lo social, dependen en definitiva todas las decisiones fundamentales que tejen la existencia humana. Sólo sobre la base de esa comprensión, es posible tener una visión del mundo, de las relaciones interpersonales, y de la intersubjetividad. En definitiva, de la solidaridad humana y social.

Con estas valoraciones aparentemente inocuas, en realidad, se juega en cada caso nuestro destino personal e histórico, porque en cada caso, somos nuestra comprensión de lo social y de la cultura de la época en que vivimos.

En el período actual, la mayoría de las personas sólo se preocupan por lo material, por el deseo de tener más, aún en las relaciones personales, y no por el ser. Llegando al extremo de considerarse a sí mismas como un objeto de intercambio. Mientras tanto, un pequeño grupo acumula mayor poder en base al aumento en la posesión de un número creciente de sujetos-objetos, extiende su dominio sobre lo social, y avanza en sus políticas de concentración de las riquezas.

Así las cosas, “mientras la décima parte más pobre de la población mundial pasa hambre de forma habitual, la décima parte más rica no es capaz de recordar algún período en la historia de su familia en la que hayan pasado hambre”, ejemplifica el profesor inglés Danny Dorling en su mapa de la injusticia.

Una consecuencia lógica del neoliberalismo y su concepción del mundo es que no solamente las personas deben ser “normalizadas”, bajo la idea única del sueño americano, alcanzado a costa de una meritocracia mal entendida, pisando cabezas y ascendiendo en la escala social a cualquier precio, en la que el fin justifica los medios.

Esa concepción desvirtúa la filosofía del pragmatismo con la cual Estados Unidos se convirtió en potencia, a partir de Charles Sanders Peirce, John Dewey, y William James, para pasar a ser un gendarme mundial que implosiona cualquier proyecto de solidaridad y amor al prójimo.

En lo político el mundo globalizado impuso la idea de que todos los partidos deberían mudarse al centro derecha, abandonando sus posiciones tradicionales e históricas, para instalar así la idea de la pos política o el fin del antagonismo de las ideas.

Esta descripción del intento constante del neoliberalismo por privatizar las funciones inherentes a la administración pública y desmantelar el Estado de Bienestar, es hoy una preocupación mayúscula para el campo nacional y popular. Esas aspiraciones atentan directamente contra los cimientos de las democracias populares, a las que se pretende quitar soberanía e igualdad, inhibir los atributos inherentes a su esencia, para reducirlas a un formalismo de nombre.

Fragmentada la sociedad, y roto el horizonte del conjunto social, machacan sobre el argumento de que las ideologías han muerto, y que todo debate intelectual sobre estas cuestiones resulta estéril y anticuado. Así el neoliberalismo construye un paradigma de pueblo donde los sectores relegados, marginales, y minoritarios, quedan fuera de la sociedad.

Frente al proyecto neoliberal triunfante, quedan la resignación, la idea de que todo está perdido, o abandonar la inmovilidad del pesimismo para reconstruir los campos políticos y recuperar el futuro como parte del espacio colectivo. El análisis crítico debe examinar el presente activamente, no sólo como espectadores frente a medios de comunicación empeñados en exhibir a la actividad política como un espectáculo.

Frente al discurso alienante y disciplinador de la Nouvelle Droite, que baja desde los medios de comunicación en formatos cargados de iras y pasiones, resulta inspirador cualquier intento de profundizar la calidad democrática, llenarla de contenido, de equidad y justicia.

Carlos Alberto Roble