El nuevo Faro de Alejandría

El sociólogo y politólogo estadounidense Robert David Putnam, sostuvo que desde los años ’60 en la sociedad moderna se estaba produciendo un declive del civismo y la vida política (capital social) de consecuencias negativas, y que cada vez era mayor el número de hombre y mujeres que “jugaban solos”. Ya en 1967 el poeta cubano Silvio Rodríguez decía que “la era está pariendo un corazón”. Y aunque puedan parecer contradictorias, las dos afirmaciones pueden ser complementarias.

Porque ese pensar individual se está convirtiendo en conciencia colectiva, y más pronto que tarde, será revuelta de lo más humano: la solidaridad.

El proceso de revolución más importante de nuestro tiempo está ligado a la comunicación y las herramientas que esta transformación cultural produce.

Un nuevo Faro de Alejandría se ha metido en nuestros bolsillos, en nuestra mesa de luz, o en la mochila que cargamos a nuestros lugares de trabajo o de estudio.

Los caminos de la información están contenidos en un teléfono inteligente, en una tablet, o en los ordenadores de mesas, que niños, jóvenes, y adultos, manejan en todas sus formas y principios.

Internet dio lugar a la mayor parte de la fortuna de muchos de los multimillonarios mundiales, y en especial a los diez primeros más ricos del planeta. Este dato no es casual, ni puede pasar desapercibido a la hora de analizar nuestro tiempo.

Es la primera vez en el devenir histórico que para acrecentar su fortuna los poderosos debieron ceder un poco de su poder a los seres humanos de a pie, aunque aún muchos de ellos todavía no sepan cómo utilizar esa potestad, y estén descubriendo las frivolidades que trae aparejadas como condimento.

A pesar de estos cosméticos, el Faro de Alejandría de este tiempo también está en nuestras manos, y al alcance de todos.

Los jóvenes son, sin duda, los principales ingenieros y arquitectos de este tiempo, y al igual que el constructor del faro de la antigüedad, Sóstrato de Cnido, están dejando grabado a fuego los cambios constantes que la sociedad moderna está dando.

El mundo sacudirá sus estructuras sociales, políticas e institucionales en un tiempo no muy lejano, porque el desvirtuado capitalismo de las corporaciones, que concentran grandes sumas en manos de muy pocos, no podrá resistir el flujo de datos que se generen en las nuevas plataformas de comunicación, que hasta hoy solo sirvieron para hacer a sus dueños más ricos y poderosos. Eso no será eterno. La propia vida no es para siempre.

Ni los argentinos, y por ende los formoseños, estamos fuera de ese mundo, y esos sacudones llegarán desde Alejandría y nos habrá de quemar el cielo, si es precio para vivir.

Será un mundo donde lo humano vuelva a ser considerado como valor supremo, desde la concepción de que la creación es una totalidad de la que somos parte, y legado para las futuras generaciones.

Mientras nos sentimos cada vez jugando más solos, la era está pariendo un corazón. De eso se trata. De la conciencia de poder pensar por nosotros mismos, pero con una organización en la que prime el diálogo, por sobre el debate insensato y el enfrentamiento estéril.

Este es el camino que estamos recorriendo y que nos llena el alma de esperanzas para contribuir, desde el lugar que nos toca, aportando para lo que dejó de ser un futuro lejano para convertirse en una realidad cotidiana. Una realidad que avanza irrefrenablemente sobre el presente.

Por Carlos Alberto Roble