El futuro exige derechos

“El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza sólo es inherente al historiador que está penetrado de lo siguiente: tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer”, señala el filósofo Walter Benjamin en su ensayo “Tesis de la filosofía de la historia”.

Agrega: “El peligro amenaza tanto al patrimonio de la tradición como a los que lo reciben. En ambos casos es uno y el mismo: prestarse a ser instrumento de la clase dominante. En toda época ha de intentarse arrancar la tradición al respectivo conformismo que está a punto de subyugarla”.

La advertencia de Benjamin es sobre la manipulación de la historia en la cual solo aparecen aquellos que vencieron. Los oprimidos no opinan porque hasta los muertos padecen el destierro. Como en vida lo hicieron con José de San Martín.

Los bienes culturales son la mejor manera de manipular las mentes porque, justamente, hacen que la persona acepte como propios pensamientos ajenos. Que más allá de sus condiciones objetivas, repitan el discurso de los opresores.

Lo que se necesita es arrancar la malla que oprime a la sociedad que imposibilita que emerjan otros ideales, encarnados en nuevos líderes.

Retomar el pasado de los que vencieron, con una política atávica, y reimponer un país que benefició a pocos y desterró a la pobreza y la falta de justicia social a millones es lo que el futuro nos viene a exigir que se cambie.

Lo contrario el futuro será el pasado, el ayer, una repetición constate de lo mismo con otros signos, pero igual significante.

Hay que mantener encendida la chispa de la esperanza, pero no como mero afán de esperar, sino desde el impulso al protagonismo.

Cada uno debe ser responsable en los cambios o no los habrá, será solo maquillaje.

Kierkegaard enseñó que la vida no es lamento por lo perdido ni vivir volcado en la espera que el solo devenir, el futuro, cambie las cosas por sí solas.

Por el contrario, para este filósofo la clave es asumir las propias decisiones, determinar el sentido de la propia existencia y aprender a asumir ese camino del propio peso de pensar y decidir por sí mismo, aunque ello asuste.

Heidegger llamó “ser inauténtico” a quien vive llevado por el “se dice”, es decir arrojado a la corriente de pensamiento que se impone, sin asumir la decisión de ponerlo todo en cuestión, analizarlo y emitir el juicio propio.

Nuestra idea básica y fundamental sigue siendo la construcción colectiva desde las tres banderas: independencia económica, soberanía política y justicia social.

No puede haber una sin las otras.

No se logrará una redistribución justa y en la que participen todos los argentinos de los bienes materiales, culturales y espirituales entregando a los centros globales del poder soberanía política, por el condicionante de la falta de independencia económica.

La tarea que debemos realizar está en todos lados y no solamente en el ámbito político. Requiere educadores comprometidos que permitan pensar diferente y no con el libro del dominante, habilitar el pensamiento crítico.

Profesionales que se involucren más allá de la meritocracia que impone un capitalismo individualista y salvaje, que destruye los lazos de la solidaridad.

De un pueblo entero comprometido con su propia historia, completa, con las de aquellos que fueron silenciados, y darnos entre todos una comunidad en la que el colectivo se realice a través del sujeto que se realiza aportando al común

Carlos Alberto Roble