Una sociedad disciplinada

El modelo macrista necesita de la domesticación social para llevar adelante su programa de entrega de la soberanía del país. Enquistados en los poderes legislativos y sobre todo, el judicial, están aquellos que añoran esas épocas donde reinaban los cipayos.

En este contexto se inscribe la persecución contra el gobernador Gildo Insfrán. Líder de un peronismo invencible en Formosa, donde se aplica la justicia social, y no pueden vencerlo en las urnas, buscan otros métodos para mellar su imagen.

El desendeudamiento de la provincia gracias a una ley sancionada por la Cámara de Diputados de la provincia que avaló las gestiones realizadas por el Ejecutivo provincial dejó a Formosa libre de las arbitrariedades del poder nacional de turno.

No se puede tener soberanía política sin independencia económica. Y eso es lo que se logró con la reestructuración de la deuda pública formoseña, contraída por los escenarios de crisis nacionales, donde llegaron a considerar a Formosa provincia inviable, fue la causa principal de esa acreencia del Estado nacional.

Formosa es un mal ejemplo porque no entrega las banderas de los derechos adquiridos de nuestros comprovincianos al valor del mercado.

El mismo gobernador advirtió varias veces que ahora vienen por los formoseños.

No se ataca solamente a un gobernante, sino al pueblo en su conjunto.

Esto queda claro con el presupuesto nacional 2018 que destina 0,05 por ciento de la inversión en obras públicas a la provincia.

Quieren dejar trunco el proceso de infraestructura básica para iniciar una senda de crecimiento previsible y seguro, que incluya a todos, sin tener que esperar el efecto “derrame” del capitalismo neoliberal que nunca llega.
No se puede mirar los acontecimientos recientes sin tener la honestidad de reconocer el contexto.

La única verdad es la realidad, señalaba el tres veces presidente de los argentinos, Juan Domingo Perón. Hoy ésta nos muestra que la honestidad está de un lado de la supuesta grieta.

No podemos quedarnos en silencio cuando los poderes de la República son denigrados por algunos de sus integrantes, avalando la feroz persecución política y mediática para disciplinar a la comunidad.

En honor a nuestros mártires, que vivieron proscripciones, escarnio público, secuestros y la muerte, dejamos en claro que el justicialismo nació para ser revolucionario y que continuará luchando, con las armas de la democracia, para llevarlo adelante, por más persecuciones que sufran nuestros dirigentes.

Por Carlos Alberto Roble