A casi dos años, ni siquiera está nublado

El macrismo construye su propio relato en base a lo que deviene en llamarse la “posverdad”. El discurso que apela a los sentidos y no a la racionalidad. El Presidente apela a la “herencia recibida” para justificar su propia ineficacia.

Y como los bolsos de López comunican más que cien discursos, le vino como anillo al dedo. Ese signo de corrupción, al igual que el de Jaime, que están condenados por la justicia, sirve para construir una base teorética de la corrupción como significante inherente al justicialismo.

Es como decir que la corrupción tiene una ideología que la sostiene. Una aseveración burda pero peligrosa que justifica a los golpistas “salvadores de la patria”.

Entonces la “lluvia de dólares” y los inversores no vienen porque temen el retorno del “populismo”. Igual argumento sirve para justificar la depreciación de los salarios, despidos, cierre de fábricas, inflación incesante y un nivel de pobreza que crece exponencialmente día a día.

Llegamos a estas elecciones legislativas con un Presidente que pide a gritos que se eliminen estos comicios. Que no sirven y son un gasto innecesario.

¿Cuántos mártires tuvo lograr el derecho al voto?

El Presidente va instaurando la épica macrista de “sinceridad” y de “combate a la corrupción”. Sin embargo, él y su familia son parte la decadencia argentina.

La estatización de la deuda privada que hizo Domingo Cavallo en la dictadura militar benefició a la Franco y Mauricio Macri. Ni hablar de los negociados que fueron denunciados, pero que no prosperaron gracias a un blindaje judicial.

Un partido municipal que se basa en la libertad de mercado como ideología eso es el PRO.

Macri es sinónimo de los sucesivos saqueos que sufrió el país por parte de empresarios conjugados con un modelo de expoliación.

Es lógico entonces que las medidas que se adoptan sean un calco de las que tomó Martínez de Hoz en la última dictadura militar.

Esa pretensión discursiva de “buenos” en Cambiemos y “malos” peronistas es lo que llaman la grieta para ocultar la brecha verdadera: ricos más ricos y pobres más pobres.

Avanzamos ahora sobre el nuevo modo de esclavitud del siglo XXI sobre los que alertó el papa Francisco: la deshumanización del trabajo.

Para el macrismo el salario es un “costo” y como tal debe ajustarse. No entienden que la retribución de los trabajadores es la dignificación, la mejor forma de redistribuir la riqueza que produce el país.

Al inicio de su gestión Macri presionó al Congreso por leyes de endeudamiento como la única salida. Que si no eran aprobadas se caía el gobierno a causa de un peronismo destituyente.

Se le otorgó esa herramienta como una señal de colaboración para que el gobierno nacional tenga éxito en su gestión. Pero vemos que se utilizó para entregar la independencia económica del país y consecuentemente la soberanía política.

En estas columnas hemos advertido sobre la bicicleta financiera que mata al sector productivo y sus consecuencias sociales. Las medidas de ajuste que generan mayor marginalidad social.

No venimos a defender la corrupción porque seguimos el mandato del tres veces presidente de los argentinos, Juan Domingo Perón: “dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”.

Sino a denunciar como nos mienten descaradamente y por cadena nacional de los multimedios que le sirven a los poderosos detrás del trono.

Basta con señalar que la mitad de los funcionarios del gabinete económico de Macri tiene su dinero en el exterior. Y el mismo Presidente, como quedó expuesto en los “Panamá papers”.

Si los que tienen que convencer a otros para que inviertan en el país no lo hacen estamos frente a una gran farsa que ya sabemos cómo termina. Como lo advirtió el gobernador Gildo Insfrán, si no le ponemos un freno a estas políticas, “el 2001 será un juego de niños”. Y en cuanto a la lluvia de dólares, vemos el horizonte y ni siquiera está nublado.

Carlos Alberto Roble